dimecres, 5 de juny de 2013

DETECTIVE COMPANY


Había una vez, cuatro niños, llamados: Manuel, Álvaro, Luis y Lucía. Manuel era el jefe de una compañía de detectives, se llamaba DETECTIVE COMPANY la compañía no era muy famosa, porque ese liderazgo le venía de familia, su difunto padre había sido de pequeño un detective de los mejores, las últimas palabras que le oyó decir Manuel fueron << Me voy a un caso, sino vuelvo, quiero que tu te ocupes de esta compañía por mí>> 




Cuando oyeron por las noticias que su padre había muerto en un tiroteo mientras intentaba descifrar el misterio de una empresa abandonada, pero que por las noches las chimeneas echaban humo, allí pasaba algo, además de tiroteos. Ese día Manuel deseaba que las personas fuéramos inmortales, pero se acordó que su padre también le explicó que si todas las personas fuéramos inmortales habría demasiada gente en el planeta, y además que sino mataran a los malos, sería un problema. 

Manuel un día fue en busca de su amigo Luis que era el que mejor le caía de los tres, Manuel y Luis fueron a casa de Lucía, y fueron todos a la casa de Álvaro, recogieron a Álvaro y se fueron todos juntos a uno de sus misterios, al misterio de la fábrica, ¡La fábrica en la que había muerto el padre de Manuel!, cuando Manuel les dijo al grupo a donde iban a ir, todos dijeron que ni por asomo, pero después de un rato de habérselo pensado mejor todos dijeron que sí que irían a la fábrica.
Cuando llegaron a la fábrica eran las 15:00 del mediodía, llegaron y no había nadie, en su casa Manuel había cogido un mapa de su padre de esa misma fábrica, en la entrada vio que para lo que parecía la fábrica era enorme, la fábrica era tan grande como una mansión, la fábrica estaba oxidada la miraras por donde la miraras, era una fábrica de metal, en la que se fundían los metales y en la que se moldeaban.
Cuando Manuel le dijo a Luis lo de la fábrica de metales, se lo dijo a los demás, Lucía cuando lo oyó salió corriendo, gritando <<¡Odio el metal! me voy a mi casa>> entonces Manuel dijo <<Pero si la cosa que más te gusta es de metal>> y Lucía le respondió << a sí, ya lo sabía, por eso ya no es mi cosa favorita ahora es esta pulsera>> 
Lucía sacó una pulsera echa de metales fundidos, con un grabado en el que ponía: LUCÍA, LA MEJOR. Manuel pensó que Lucía era tonta, estuvo apunto de replicarle que esa pulsera también era de metal, pero no lo izo. Cuando entraron a la fábrica Lucía dijo << Ay, que guay una fábrica de metal, me encanta el metal>>, todos se quedaron con la boca abierta, además de porque la fábrica estaba en funcionamiento porque hace un segundo Lucí había montado un espectáculo diciendo que no le gustaba el metal, ahora va y Lucía ama el metal.
Al entrar, vieron que la entrada tenía apariencia de una mansión, pero cuando subieron una escalera, vieron la fábrica, estaba todo funcionando, lo raro era que no había nadie en la fábrica, se adentraron en la fábrica y de repente cogieron por la espalda a Luis y a Lucía.
El secuestrador les dijo que si volvían a aparecer por allí tiraba a Luis y a Lucía al metal fundido, entonces Lucía preguntó << ¿El hierro se hace aquí?, me refiero a la medicina, si se hace aquí>>, y el otro le dijo << Pues claro... que no, como se va ha hacer una medicina en una fábrica de metal>>, cuando se fueron Manuel y Álvaro fueron los únicos que quedaban, a Luis lo habían castigado por ir a la fábrica, y a Lucía simplemente la castigaron, no sabían porque.
Álvaro entró en la fábrica y descubrió el nombre del jefe, era J. Disucó, se lo dijeron a la policía y detuvieron a Disucó.

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