Había una vez, un señor que venía de una fiesta a media noche. Ese señor se llamaba Manolo. Manolo vivía en una casa pequeña, más o menos un apartamento, de unos 75 m2, vivía en una ciudad llamada Appalossa, esa ciudad también era muy pequeña, así que era fácil de encontrar los sitios.
Manolo tenía miedo porque el fuego crecía y crecía, él no supo reaccionar y a medida que pasaba el tiempo cada vez había más fuego.
Manolo intentó llamar a los bomberos pero no daba señal. Los bomberos cuando miraron por la ventana vieron que se estaba incendiando la casa, y sin pensarlo dos veces fueron hacía la zona de donde venía el humo.
Cuando llegaron los bomberos a casa de Manolo, se encontaron con los vecinos en la calle viendo como se quemaba su casa, y con miedo de que también se quemara la suya.
Los bomberos empezaron a echar agua para apagar el fuego, los vecinos le dijeron a los bomberos que Manolo estaba atrapado, se pusieron a buscarlo y vieron que Manolo se estaba quemando, y lo rescataron.
En aquel momento Manolo se despertó, vio que todo había sido una pesadilla, no estaban: ni los bomberos, ni los vecinos, ni el fuego, ni el humo...pero si que tenía hambre, así que decidió hacerse en bocadillo, para no encender el fuego.
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